Muchas veces nos preocupamos por qué decir en tal o cual situación. Es interesante, pero corremos el riesgo de olvidar escuchar. Qué tarea tan difícil… y parece fácil…
A veces la mejor respuesta, la mejor contención, la mejor compañía, se obtiene de escuchar más que de preguntar.
Ir lento. Hacer pausas. Parar para seguir.
Mirar al otro. Callar. Y captar el momento en el que comenzamos a escuchar. Realizarlo como un acto conciente y deliberado.
Mirarse menos uno mismo.
Buscar el escuchar de cada quien, el escuchar propio. El estilo personal para escuchar.
Escucharnos.
Besos, Ana
29.3.10
24.3.10
Despegar
Nunca Más. Durante los 365 días del año, muchas veces, por diferentes motivos o circunstancias, recuerdo. Este 24 de marzo de 2010 les voy a proponer un juego. Juguemos a no hacernos mal. La expresión con la que comencé el relato me dispara muchas ideas. Me imagino que se sostiene sobre una decisión y que dicha decisión puede haberse realizado gracias a un momento activo de quien la porta luego de mucho cavilar y sufrir. Gracias a un instante conclusivo, a un acto realizado justamente con decisión. Lo que quiero decir es que este año pienso ver el vaso medio lleno en lugar de verlo medio vacío y confiar en esos actos individuales o colectivos que transforman una realidad. Apostar al quiebre y a la potencialidad de cambio que representa un “Nunca más”. Sin olvidar lo que nos motiva a decirlo, pero despegando hacia lo que nos posibilita el decirlo.
Los quiero, Ana
Los quiero, Ana
20.3.10
La felicidad, un espejismo
Sólo destellos que duran unos instantes sobre nosotros (dentro nuestro) y después desaparecen..
La felicidad es como encontrar un oasis en un desierto. Es como respirar aire fresco al salir de una muchedumbre.
Ya no la busco, no la encuetro, ya no la quiero.
Ahora prefiero navegar aguas mansas. En lugar de ir por desiertos y encontrar oasis, ir por el agua, con calma. Sin sobresaltos. Sin muchedumbre, sólo con calma.
Besos, Ana
La felicidad es como encontrar un oasis en un desierto. Es como respirar aire fresco al salir de una muchedumbre.
Ya no la busco, no la encuetro, ya no la quiero.
Ahora prefiero navegar aguas mansas. En lugar de ir por desiertos y encontrar oasis, ir por el agua, con calma. Sin sobresaltos. Sin muchedumbre, sólo con calma.
Besos, Ana
15.3.10
12.3.10
Mirar para otro lado
¿Nunca pensaste que la mejor manera de conseguir algo deseado puede ser dejar de buscarlo?
Con amor, Ana
Con amor, Ana
8.3.10
¿Por qué escribimos?
Uno escribe para poder darle eternidad al pensamiento y sentir que de algún modo se puede volver a él independientemente del momento que se esté viviendo.
El papel es como un interlocutor que aunque muchos lo consideren mudo, habla. Habla desde un silencio que parece impenetrable. Nos pregunta y nosotros nos empeñamos en responder. ¿Por qué? Porque estamos acostumbrados a dar respuestas. Que mala costumbre. Infatigable costumbre.
Uno escribe por el placer que otorga la creación misma. Cuando aparece una idea y la vas dejando salir y vas acompañando el proceso para que no se desboque pero que pueda desarrollarse hasta las últimas consecuencias. Convertirse en contenedor y dique de uno mismo, está bueno.
Uno escribe por la búsqueda misma de las palabras adecuadas para estampar la idea que nos brota en la mente. De este punto se desprende, el placer que otorga el hecho de pensar, de dar vueltas alrededor de una idea o situación hasta descubrir “la mirada” que nos conforme.
Uno escribe porque en la hoja se encuentra un importante lugar de apoyo. Es como parar a descansar después de una larga caminata. Como encontrar la olla de las monedas de oro al final del arco iris. Es como continuar en el río después de caer por una catarata, en fin… por todo ésto escribo yo.
Ahora bien, lo que subyace a todos estos momentos placenteros es la satisfacción que se desprende de la misma acción de buscar, de recorrer, de investigar. El placer mismo está en esa búsqueda, en ese recorrido que uno realiza hasta llegar al destino imaginado, cumplir un objetivo, encontrar la idea acabada, hasta el éxtasis mismo en el placer sexual; porque una vez que todo eso se alcanza, relanzamos el juego y comenzamos de nuevo, pero desde otro lugar.
Con amor, Ana
El papel es como un interlocutor que aunque muchos lo consideren mudo, habla. Habla desde un silencio que parece impenetrable. Nos pregunta y nosotros nos empeñamos en responder. ¿Por qué? Porque estamos acostumbrados a dar respuestas. Que mala costumbre. Infatigable costumbre.
Uno escribe por el placer que otorga la creación misma. Cuando aparece una idea y la vas dejando salir y vas acompañando el proceso para que no se desboque pero que pueda desarrollarse hasta las últimas consecuencias. Convertirse en contenedor y dique de uno mismo, está bueno.
Uno escribe por la búsqueda misma de las palabras adecuadas para estampar la idea que nos brota en la mente. De este punto se desprende, el placer que otorga el hecho de pensar, de dar vueltas alrededor de una idea o situación hasta descubrir “la mirada” que nos conforme.
Uno escribe porque en la hoja se encuentra un importante lugar de apoyo. Es como parar a descansar después de una larga caminata. Como encontrar la olla de las monedas de oro al final del arco iris. Es como continuar en el río después de caer por una catarata, en fin… por todo ésto escribo yo.
Ahora bien, lo que subyace a todos estos momentos placenteros es la satisfacción que se desprende de la misma acción de buscar, de recorrer, de investigar. El placer mismo está en esa búsqueda, en ese recorrido que uno realiza hasta llegar al destino imaginado, cumplir un objetivo, encontrar la idea acabada, hasta el éxtasis mismo en el placer sexual; porque una vez que todo eso se alcanza, relanzamos el juego y comenzamos de nuevo, pero desde otro lugar.
Con amor, Ana
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