“El secreto” es un tema que me despierta muchas preguntas. Una primera definición que podemos ensayar es que podría ser algo oculto para muchas personas y sabido para unas menos. El secreto, ¿siempre tiene que ser por lo menos entre dos? ¿o una sola persona también al saber algo propio y no contárselo a nadie, tiene un secreto?
¿Qué guarda? ¿información? ¿O tiene un plus que va más allá de lo que oculta?
La información otorga un cierto poder a quien la porta y si encima la sé solamente yo, más aún. Ahora bien, si soy el portador de una información valiosa pero nadie sabe de este hecho, ¿tengo poder? ¿Qué es lo que le otorga poder a la información, el hecho de tener conocimiento de la misma o el hecho de que los demás sepan que yo cuento con esos datos? Además, ¿quién tiene el poder, la información o quien la posee?
Aparece de esta manera la lógica moderna del “tener”. Esto de la identidad que otorga “el tener” ¿no? Incluso sabemos que si nos guiamos con esa lógica, el “tener” otorga un “ser”. Pero dejemos este debate para otro momento y sigamos con lo que estábamos, los secretos.
Asociado a esto podemos pensar en el misterio, la curiosidad, la confianza. Sin embargo lo que me interesa es el hecho mismo de contar un secreto. Es ahí cuando pienso que sucede algo paradójico y muy reiterado en la conducta humana. Pedir un imposible: “pero no se lo cuentes a nadie”, porque con el simple hecho de estar contándolo, estamos haciendo lo contrario a lo que pedimos.
Con amor, Ana
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Totalmente de acuerdo,sobre todo con lo ultimo:
ResponderEliminar"el simple hecho de estar contándolo, estamos haciendo lo contrario a lo que pedimos".
Que linnnndo tema este...!!!
Paola,
ResponderEliminarQue bueno que te gustó!
Saludos!